El cronolito
Péndulo impulsado por la luz.
Fue el primer reloj radiométrico que existió: dos lámparas situadas a ambos lados del péndulo se encienden alternativamente, empujando cada vez el péndulo. La fuerza radiométrica actúa como motor del péndulo, pero también como freno, regulando su amplitud dentro de un margen muy preciso. El interior del tubo está evacuado, con un vacío de unos 0,01 bares. La balanza se pone en marcha mediante un imán colocado cerca del cristal. El péndulo oscila a una frecuencia de un segundo, y la base de tiempos se ajusta con precisión desde el exterior haciendo girar las 4 pesas planetarias alrededor de la esfera de la balanza utilizando el mismo imán. Así se evita tener que llenarla de aire, desmontar el reloj y volver a crear el vacío para cada ajuste. El reloj consta de un tubo de vidrio, un péndulo, unas láminas de mica, dos relés y un mecanismo de accionamiento manual: eso es todo. Se monta sin tornillos ni pernos y se mantiene unido sólo por la fuerza de 7,7 toneladas de presión atmosférica. Para desmontarlo, basta con dejar entrar aire en el tubo.
En aquella época, tenía una precisión de 2 segundos al mes. Era tan preciso que el 3 de febrero de 2002 registró en Suiza el terremoto de Afyon (Turquía), así como su réplica dos horas más tarde. El péndulo, que era más un experimento científico que un reloj, se expuso durante un año en el Museo de Relojería de La Chaux-De-Fonds, y luego se desarmó en 2010: no ha vuelto a funcionar desde entonces.


Los interesados en los aspectos técnicos lo tendrán más fácil aquí